Salvador Dalí, los genios no deben morir

dali“Los genios no tenemos derecho a morir; quiero vivir, quiero vivir” La contradicción está presente en todos los actos de la vida de Dalí, esto le lleva a pasar estados de euforia y angustia desesperante. Aseguraba sentirse esclavo de una angustia creciente. Se asustaba del hecho de estar asustado. Le obsesionaba su pánico a morir y tenía una extraña actitud frente a la fe.

Este hecho resume toda la vida de un artista que no pudo soportar la idea de la muerte.

Los últimos cuatro años de su vida los pasa encerrado en una habitación con la mirada puesta en su gran obra “El Teatro-Museo”, allí ve una pared erosionada por el cielo que siempre había buscado, cielo que solo se encuentra en el corazón de los hombres que tienen fe, por eso decía que él moriría sin cielo. Dalí  se enfrenta a una paradoja, en el fondo de nuestro corazón todos sabemos que hay un Dios, sabemos que está ahí, pero no le adoramos. Por eso se ennegrece nuestro necio corazón. Dalí dio su corazón a una criatura y no a Dios, pero al morir Gala, su amada, descubre que ese amor no podrá salvarle de la muerte.

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